Una historia
Escrito por: admin
Arturo Pérez Reverte, dijo una vez:
“La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros.”
…así que empecemos.
domingo, 23 de agosto de 2009..
…sujetaba la taza con ambas manos, me agradaba sobremanera el calor que me aportaba y el aroma del café, más aún. Serían las 11, o quizás las 12 de la mañana, con la mirada perdida a través del ventanal de casa, tan sólo me importaba la causa de mi mal sueño. No pasé una buena noche y el hecho de no trabajar esa mañana, me hicieron no estar pendiente de horarios, tan sólo levantarme sin rumbo por casa hasta encontrar la cafetera.
Pasé la mano por el cristal para quitar un poco el vaho acumulado, hacía frío fuera, y quería ahora algo más espabilado por el café, encontrar algo en el exterior que me sacara de mi letargo matutino, de mi mala noche. Quizás le daba demasiada importancia a la conversación, o quizás es que no quería saber más de lo que ocurrió, no quería de nuevo repetir historias parecidas… Sea como fuere, me mantenía pensativo, y la pregunta que más me martilleaba era ¿Otra vez?
Sorbía el café despacio, con ganas de que no terminase tan pronto y así disfrutarlo más. Miraba su color y rememoraba en ese instante las veces que lo había tomado en los ratos de sosiego, entre los escasos momentos libres que daba el trabajo, a veces acompañado de la causante de mi mala noche. Quizás ella no supo lo que causó en mi su noticia, lo que motivó mi desvelo, pero si sería consciente de su transcendencia.
Sin saberlo ella, había dado el pistoletazo de salida. Una salida que era su fin y el de sus amigos más fieles…la cuestión es que de nuevo estaba allí, en el por enésima vez punto de partida. Tantas veces repetido y en tantos lugares distintos, con ropajes adecuados a la situación.
Pero en este caso era distinto. Mis superiores me habían encomendado una infiltración más a fondo, más personal, y sopesándolo a día de hoy, más sentimental por mi parte. Estaba confuso, y no debía contravenir las normas establecidas. Buscaba en mi cabeza un motivo para justificar dichos pensamientos (?) pero no encontraba alguno, y la verdad, tampoco me esforzaba en ello, fuese porque el final era previsible o fuere porque ya no dependía de mi, o quizás, porque en el fondo si acababa lo encomendado, acababa todo, incluidos aquellos extraños sentimientos hacia ella.
La casa estaba hecha un desastre. parecía propia de aquellas pelis donde vivía en ella el típico policía americano antinarco, recién muerta su mujer y amonestado hasta la saciedad por sus jefes, sí, pero yo no era Mel Gibson, y la diferencia estaba en que yo tan sólo era un puñetero descuidado, inmerso en el rol conformista de saber que me quedaba poco que estar allí. Aún así, no tenía más café, por más que buscaba para una segunda taza, no encontraba nada en ninguno de los tarros dentro de los muebles setentañeros que decoraban la cocina, que desastre, me faltaba mi gasolina. No había otro remedio, era día festivo y estaría todo cerrado, así que tocaba buscar alguna tienda que estuviese abierta y así de paso estirar un poco las piernas. Cazadora vaquera ¿guantes? No, no hace tanto frío, imprescindible mi bolsito para llaves, tabaco, etc…nunca sabía que nombre recibía aquel bolso tan extendido entre los hombres, recuerdo que mi padre siempre les llama “mariconeras”, en fin, la cuestión es que entre compañeros siempre lo miraban y hacían la misma pregunta – ¿Ya te cabe ahí el hierro? – obteniendo de mi parte siempre la misma respuesta – Nunca la llevo ahí, joder -. Una vez estaba correctamente “uniformado”, salí de casa atravesando un extenso parque que separaba las casas bajas donde vivía, de los edifícios del barrio más próximo…
Caminaba despacio, pensativo, viendo como un llamativo pastor alemán se aproximaba hacia mi moviendo compulsivamente su cola, como se parecía a Thor, nuestro mejor perro para la detección de drogas… de un salto me puso las patas delanteras sobre mi cazadora vaquera, el collar, su cara, indiscutiblemente era Thor… así que tan sólo tenía que volverme y buscar a su “dueño”.
-¡Hola Gómez!- esa era mi verdadera identidad.
-Qué tal señor- contesté un tanto sorprendido por lo inusual de la visita.
-Llevamos días sin saber de tí, ni de tus “amigos” ¿Ha Habido cambios?-
-¿Y bien? ¿No dices nada?
Observaba a mi superior envuelto en un mutismo que no era razonable para la situación dada. Permanecía mirándome fijamente esperando una respuesta, envuelto en su abrigo largo y sobrio, con mirada penetrante, buscando en mi algo que le diese una pista de aquel retraso en mis informes, me conocía muy bien y si se esforzaba notaría en mi que algo no iba bien.
-Estese tranquilo…es que no he pasado buena noche…el estómago- medio balbucí.
-¿Donde está ella? ¿Te dijo por fin cuando iban a hacerlo?- iba directo al grano.
Me vi atrapado, por un lado ya tenía aquello por lo que empezó esta historia y con ello el fin, y por otro, no quería que acabase, no quería dejar de verla…
domingo, 06 de septiembre de 2009..
…decidí ganar tiempo, y sin saber por qué, adelanté acontecimientos, aún a sabiendas de lo que me jugaba. No sabía a ciencia cierta los motivos que me impulsaron a prolongar aquella situación, pero lo que sí tenía claro era que necesitaba aclarar mi mente, y saber si aquellos sentimientos que tenía hacia ella eran un capricho tonto por la situación o eran sinceros, y en cierto modo, saber los de ella.
-Fueron las albóndigas de lata… ¡Estaban malas!-
-¿De qué me hablas Gómez? ¿Qué tienen que ver unas albóndigas con esto?-
-Disculpe mi comandante… pensaba en voz alta- espabilé de golpe al son de sus gritos.
-Veo que estás espeso hoy, paseemos y movamos el culo de tu zona… no es prudente estar tanto rato aquí parados- con esto daba por zanjada la retórica y el comienzo a las explicaciones, así que puse toda la carne que tenía en el asador.
-…verá mi comandante…ha entrado en escena un proveedor con bastante peso según me informé, y me gustaría que atrasase la intervención unos días hasta verificar si nos puede venir bien este individuo…-
-¿Un proveedor? ¿De armas? ¿De drogas?… ¡Qué cojones pinta este pavo ahora! ¡Explícate!-
Entendía su inquietud. Tenía todo listo para cerrar la operación en un corto espacio de tiempo, incluidos los permisos judiciales para intervenir en viviendas y alguna que otra empresa, así que solicitar más demoras era volver a pelear con todos y dar mil explicaciones más.
-…necesito dos días más…mañana lunes llega de Madrid con algo para esta gente, y necesito saber exactamente que trae, pues según he oído, son armas y material electrónico…-
-Ya tenemos vigilado a quien les provee… este puede esperar para cuando terminemos el operativo…se lo dejaremos a la nacional, así que les pasaremos los datos después de cerrar esto…ahora lo que importa es…-
-¡Es hijo de un político¡- le espeté sin dejarle terminar. Su mirada se volvió más afilada aún, deteniendo el paseo y quedándose sobre el terreno.
-Es un político de Madrid señor-
Me miraba y creí ver en su mirada en ese preciso instante, un incierto signo de preocupación. Es posible, pensé, que debido a su experiencia y a sus muchos años en el cuerpo, supiese perfectamente que esto podía traer bastantes problemas. Pero había que investigar este nuevo dato y creo que con esto conseguiría de momento los días que necesitaba.
-¡Maldita sea Gómez, necesito saber quién es este tipo y que pinta en todo esto!- y bajando la cabeza murmuró.
-…y saber…quien es su padre-
domingo, 27 de septiembre de 2009
Le vi alejarse con pasos grandes y precisos…majestuosos. Era un tipo alto y fuerte, curtido en miles de casos llevados a buen puerto a lo largo de sus años en el cuerpo, siempre fiel al honor y a su oficio. Una rara especie en vías de extinción, dentro de un mundo donde era fácil encontrar otras salidas más placenteras a tantos problemas burocráticos, con los que se enfrentaba a menudo, sobre todo en estas últimas décadas. Siempre estuvo a pie de calle, y en nuestras conversaciones observaba como, cada vez que le describía una situación de riesgo, la vivía conmigo, en cada una de mis palabras, notando su nostalgia, ahora arrinconada en un frio despacho lleno de recompensas y títulos dentro de la Unidad en Madrid…admiraba, a aquel al que apodaban “Oso”.
Di media vuelta y emprendí camino de nuevo en busca de mi café, alcanzando los primeros edificios del barrio. Entré por inercia en un bar antes de buscar la tienda donde comprarlo, y acercándome a la barra pedí uno con leche. Observé mi alrededor, viendo lo poco concurrido que estaba y sin ganas de estar incómodo en la barra, agarré mi café y me senté en una mesa próxima al ventanal, cogí un periódico sin intención de leerlo, tenía la mente en otro lado. Había conseguido mis días pero no estaba seguro de lo que iba a ocurrir.
Mientras agitaba la cucharilla para disolver el azucar recordaba como comenzó todo tiempo atrás, después de recibir las instrucciones previas al caso y mi nuevo guión en esta “película”, así como mi primer contacto en este escenario tan surrealista, digno de un Goya. Y empecé a recordar el comienzo en aquella oficina de Bilbao en la que debían contratarme…
..la primera toma de contacto..
Con una mano en la cabeza y la otra levantada, terminada en un dedo oscilante, dirigida a la chica de su derecha, ¿o tal vez sería a la de la izquierda?, aquel individuo daba órdenes a diestro y siniestro, sí, aquel tiene pinta de ser el “cabo-cuartelero”, algo así como la voz del jefe, su presencia física. Aquello era un hervidero, desde mi posición tras el cristal que separaba el recibidor de aquel caos, observaba, mesas, ordenadores, montañas de papel, teléfonos ruidosos con gente afanada en dar explicaciones a unos y algo así como “recomendaciones irrechazables” a otros, el hombre del dedo oscilante me señaló, me llegó el turno. Llevaba sentado observando un buen rato, y a mi espera se sumó otro que decía llamarse José, ser natural de Huelva, educado en Alemania y residente en Sevilla.
-¡Pasa por aquí! que te vamos a hacer el contrato y darte los bártulos.
En la espera tras el cristal con mi nuevo amigo, que a punto estuvo éste de coger su maleta e irse por el mismo sitio que entró, cuando observó la entrada de dos jóvenes con la pretensión de darse de baja en la empresa, vociferando algo así como que estaban hartos de que no se les hiciera caso, arriesgaban su vida diariamente y no tenían ni tan siquiera dinero para gasolina, decían.
-¡Pasa, pasa! A ver, rellena esto y firma aquí, ¿así que amigo de un teniente de intervención, no?.
-No, es tan solo un conocido, ya sabe, este trabajo tiene eso, te relacionas con ellos.
Quizás pensó en irse por el dinero, ¿pero?, no, no creo que fuese eso, su lenguaje corporal me decía otra cosa. Su leve estado de ansiedad, sus pequeños paseos por el recibidor, su charla sobre la última quema de autobuses en San Sebastián, delataban quizás mucha información televisiva sobre el problema vasco, problema que nunca tuvo tan cerca como ahora.
-¡Vale es igual! Aquí el que no tiene un hermano, es hijo…o vete a saber, ¿sabes manejar esta pistola?
-Más o menos, ya disparé con alguna.
Sí, información televisiva. La conectabas y lo mismo te hablaba de lluvia en Galicia, como de actos de violencia callejera en cualquier provincia vasca, por decir algo. Cada vez que hacían mención del país vasco, era con referencia al terrorismo, sí, la televisión, yo también bebía de esa fuente, entre otras.
-Bueno, pues no tiene más historia. Listo, te compras la funda y te pides factura, nos la presentas y te la abonamos, pero no te pases de dos mil quinientas porque es lo que te vamos a devolver ¿ok?
-Ok.
Esperé que terminara con José mi nuevo amigo, alto, corpulento y quizás un tanto lento de reflejos, pero deseoso de aprender bien el proceso, no cejó hasta que supo como cumplimentar a la perfección los partes rutinarios de trabajo.
Decidimos viajar juntos hasta San Sebastián, después de que nos informaran que íbamos a prestar nuestros servicios allí, así que cargados con maletas, los “bártulos” propios del nuevo oficio y, un cierto temor camuflado por gente experimentada en no sé cuantas batallas -sobre todo en puertas de discoteca y algún que otro local nocturno de… “esparcimiento”-, según palabras de José, emprendimos la marcha.
En fin, la cuestión es que allí estaba, camino de San Sebastián, en un autobús hablando con él, físicamente presente pero con la mente ausente, aunque sabía cuál era mi cometido no podía evitar el sentirme como él, le miraba y oía, gestos comentarios y sí, estaba a su altura, por mucho adiestramiento que tuviese, por muchas situaciones de riesgo que hubiese vivido, no podía evitar esa sensación agria que me subía del estomago, ese movimiento incansable de ojos intentando absorberlo todo, -a veces he llegado a pensar que se puede producir un colapso cerebral (?), de tanta información visual y verbal que llegamos a obtener, para procesar en un tiempo limitado-. Estaba a su altura, si así no fuese, por razones de “guión” debía estarlo, fue como un maestro sin él saberlo del que empape en principio, su estado de ánimo y comportamiento, tenía que estar a la altura de las circunstancias, no debía sobresalir, aunque más tarde descubriría que sería fácil, muy fácil camuflar hasta cierto punto lo que vine a hacer.
Apoyados en un murete de la estación de autobuses de Amara, vimos a un tipo alto, delgaducho y bastante ojeroso, al vernos ataviados con maletas y cara de pardillos se aproximo a nosotros y nos increpó que le siguiéramos, José comentó que era muy listo al observar que no dudó en quién éramos, arrancando una sonrisa de satisfacción al canijo.
-Soy Velásquez ¿quién de vosotros es José?
-¡Yo!-respondió mi compañero de viaje al flacucho.
-Bien, tú vas para Lasarte y tú…bueno de momento te vienes conmigo para Mondragón, ya veremos después.
-¡Lasarte! ¿Dónde coño está eso? – todo era nuevo para José.
-No te preocupes, está aquí al lado, a unos ocho kilómetros de Donosti.
La cara de José era un libro abierto, los lugares nombrados por Velásquez –Lasarte, Mondragón- habían segado de golpe las esperanzas de seguir juntos tal como venía diciéndome en el autobús.
-¡Oye! ¿No nos vas a poner juntos? ¿Los servicios no son de dos?
-Sí, pero los dos sois nuevos y es mejor que tengáis de compañeros a gente con experiencia.
Más tarde descubriríamos que esto no era así, importaba poco la experiencia, todo era cuestión de ir tapando los huecos que iban dejando los que se daban de baja o aquellos que tenían la suerte de coger días de descanso.
-¿Experiencia? Yo me he criado en Alemania y he sido militar profesional, estuve en Bosnia e hice de intérprete, hablo checo, turco y alemán, además- continuó con su exposición José- he trabajado de escolta en un hotel de Marbella para empresarios y de vigilante en puticlubs y discotecas y…
-¡Me parece muy bien!- espetó Velásquez interrumpiendo la cháchara del acalorado José- De todas formas aun no sé dónde vas tú- dirigiéndome una mirada rápida mientras conducía- es más que probable que al final termines en Lasarte también, pero antes tengo que saber si volverá hoy el que esta de descanso en Mondragón.
-¡Que pasa! ¿No sabéis si vuelve la “peña” de descanso o qué?- con tono irónico José añadió- pues menuda esperanza que dais ¿tan mal se pasa aquí o es por otros motivos? Porque estando en la oficina llegaban unos diciendo que se iban por…
-No están contentos con nada, hay mucho fantasma aquí que lo único que quieren es ganar dinero por la “puta cara” sin riesgo y – el sonar del teléfono vino a interrumpir la aclaración de Velásquez- ¿bai?… ¡Joder pues ya está!, lo único que falta es ubicar a estos en alguna pensión, llámame a Martínez… ¡agur!… ¡Vaya José! Al final vais juntos para Lasarte, pero no al mismo VIP porque los compañeros ya están colocados, tu iras con uno y tu a otro…
-Que son ¿políticos? –preguntó José pensando en la importancia de trabajar con estos.
-Sí, allí son todos políticos, en total seis, o sea que vais a ser doce compañeros. Hay un responsable de equipo que es el que os enseñara como debéis hacer y al que tenéis que hacer caso, ya os lo presentare cuando lleguemos.
Una llamada bastante casual y oportuna, los planes debían seguir su curso. En principio estaba dispuesto, que mi lugar de trabajo estuviese lo más próximo a San Sebastián y el lugar a donde íbamos era idóneo, próximo y bien comunicado, se notó la “causalidad” de la llamada.
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Septiembre 16th, 2009 at 11:26
Tiene buena pinta. Le he enviado un correo privado, espero su respuesta.Saludos.
Septiembre 27th, 2009 at 23:11
Sr. A.B., no recibí ningún correo…un saludo.
Octubre 8th, 2009 at 15:59
se hace korta el leerla,simplemente admirable!un saludo thor……….
Octubre 8th, 2009 at 16:03
donosti es tambien un lugar kon magia,una tierra kon historia,unika komo tu malaga..tambien se podria eskribir y fotografriar si te gusta..ahi te lo dejo kaer,un saludo thor..
Octubre 14th, 2009 at 08:07
a veces un mes de vakaciones parece una eternidad,porke krees ke no has etxo nada diferente,pero por lo ke leo tu has reflexionado sobre ti y otras kosas diversas y no me resulta tiempo perdido,es mi pekeña apreciacion..un saludo thor de ilargia..agur!
Octubre 31st, 2009 at 09:12
bonita historia ya hacia que ni escribia espero saber algo mas de ti.Besos
Noviembre 19th, 2009 at 00:06
Hola Eli…me alegra leerte y ver que entras a este rinconcito.
Esto es un relato que andaba escribiendo hace años, y que decidí continuar aquí en mis momentos de relax…hay todabía mucho por escribir, esto es tan sólo un pequeño adelanto…voy muy despacito, sin prisas.
Lo dicho, me alegra leerte y espero que todo te vaya muy bien…un saludo.
Noviembre 19th, 2009 at 00:11
Hola Ilargia.
Conozco muy bien Donosti, y sé que iré a fotografiarla…escribir ya lo hago en mi relato…me apunto lo de su historia. Pero si que tengo muchas ganas de volver e inmortalizarla con mi cámara…todo se andará.
Un saludo.